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Venezuela 1999–2025: la degradación del Estado y la injerencia cubana

Entender lo ocurrido en la madrugada del 2 al 3 de enero de 2026 en Venezuela puede resultar una tarea incompleta si no se analiza la evolución histórica que condujo a ese desenlace y cómo, durante más de un cuarto de siglo, se fueron gestando las condiciones que lo hicieron posible.

Lo sucedido no constituye un evento aislado, sino la consecuencia lógica de un proceso prolongado de captura y secuestro del Estado, erosión institucional y transformación autoritaria del sistema político.

La historia de Venezuela entre 1999 y 2025 no puede comprenderse sin examinar la profunda dependencia del gobierno venezolano respecto al régimen cubano, resultado de una denominada “alianza estratégica” en la que el presidente populista Hugo Chávez y el dictador cubano Fidel Castro forjaron una relación de “nuevo tipo”.

En ella, el rico petroestado sudamericano terminó supeditándose casi por completo a los intereses económicos, políticos y de seguridad regional de La Habana, dando lugar a una relación asimétrica que puede analizarse bajo el marco de la dependencia estructural, donde un Estado formalmente soberano queda condicionado por otro en áreas clave de su funcionamiento interno.

A cambio, Hugo Chávez recibió el respaldo entusiasta de los sectores más radicales y marginales de la izquierda internacional, integrándose política y materialmente en cuanta iniciativa “revolucionaria y solidaria” surgiera con el objetivo de socavar el orden mundial y los pilares de las democracias occidentales. Paralelamente, el propio Chávez se fue alejando progresivamente del pueblo del que había emergido, alimentando una visión personalista del poder, en la que comenzó a verse a sí mismo como una suerte de nuevo Simón Bolívar, distintivo típico de los liderazgos carismáticos que, según la teoría política clásica, suelen preceder procesos de concentración autoritaria.

Ese vínculo con Fidel Castro, lejos de limitarse a una cooperación bilateral convencional, moldeó profundamente el rumbo político, económico e institucional de Venezuela. Fue un vector decisivo en la degradación de las instituciones, la erosión del Estado de derecho y la crisis social que terminó por descomponer al país. En términos analíticos, este proceso puede definirse como una captura progresiva del aparato estatal, en la que las instituciones dejaron de servir al interés público para convertirse en instrumentos de preservación del poder.

Conviene, por tanto, hacer un breve recorrido histórico para comprender mejor este proceso degenerativo.

El origen de la alianza: Chávez y Castro (1999–2003)

Cuando Hugo Chávez llegó a la presidencia en 1999, lo hizo con un proyecto político de ruptura. Muy pronto identificó a Fidel Castro como su mentor político, declarando abiertamente que seguiría sus consejos “a pies juntillas”, amparándose en la reiterada justificación de que Cuba representaba un modelo de revolución antimperialista y de transformación social.

Esta admiración no fue meramente simbólica, sino que se tradujo en la importación de prácticas políticas propias de un sistema de partido único hacia un régimen que, formalmente, aún conservaba rasgos democráticos.

En el año 2000 se firmó un amplio acuerdo de cooperación que vinculó a ambos países en una relación económica y política profunda. Venezuela y Cuba formalizaron el Acuerdo Integral de Cooperación, que sentó las bases para una integración política y estratégica sostenida en el tiempo.

De esta alianza surgiría posteriormente la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), concebida no como un esquema de libre comercio, sino como un proyecto de integración política e ideológica regional, diseñado explícitamente para contrarrestar los modelos de economía abierta y democracia liberal.

El pacto estableció que Venezuela suministraría a Cuba decenas de miles de barriles diarios de petróleo a precios preferenciales y, en muchos casos, en condiciones extremadamente favorables. A cambio, La Habana enviaría a Venezuela miles de médicos, maestros y técnicos. En palabras del propio Chávez, “Venezuela y Cuba son un solo pueblo, una sola nación”, una expresión que fue mucho más que retórica y que reflejó la fusión de intereses estratégicos entre ambos Estados, diluyendo de facto los límites de la soberanía venezolana.

Sin embargo, la cooperación no se limitó a programas sociales. Tras el fallido golpe de Estado contra Chávez en 2002, el líder venezolano buscó reforzar su control interno y su seguridad personal. En ese contexto, profundizó su dependencia de la asesoría cubana, recurriendo a los servicios de inteligencia de La Habana para perfeccionar técnicas de control político, vigilancia y manejo de la disidencia, un rasgo característico de los procesos de securitización del poder en regímenes en transición autoritaria.

Chávez ya no podía confiar en su propio personal y recurrió al sombrío G2, el órgano de la inteligencia cubana, para asegurar mejorar las técnicas de control y manipulación de la población, solidificando su permanencia en el poder.

Intervención política e inteligencia cubana (2004–2012)

Durante esta etapa, Cuba dejó de ser únicamente un aliado ideológico o un proveedor de servicios médicos y de otra índole: también infiltró sus asesores y personal de inteligencia en instituciones clave de Venezuela. Diversos análisis y testimonios señalan que asesores cubanos, incluidos especialistas en inteligencia y seguridad, comenzaron a operar con acceso privilegiado a instituciones clave del Estado venezolano, especialmente en áreas vinculadas a la seguridad interna y a la protección del liderazgo político.

Este fenómeno no era completamente inédito en la región. En Chile, durante el gobierno de Salvador Allende, y en Granada, bajo el mandato de Maurice Bishop, se registraron dinámicas similares. La confianza de la seguridad personal de ambos se depositó en los cuerpos de inteligencia cubanos.

No obstante, en el caso venezolano, la magnitud, profundidad y duración de esta influencia alcanzaron niveles sin precedentes, contribuyendo a la formación de un aparato estatal fuertemente centralizado y opaco.

La asistencia cubana incluyó asesoramiento en seguridad, inteligencia y organización política, elementos fundamentales para que el chavismo consolidara un férreo aparato de control político-castrense, capaz de debilitar a la oposición, centralizar las funciones del Estado y reducir progresivamente los márgenes de pluralismo político.

Este proceso encaja plenamente en la categoría de autoritarismo competitivo, en la que subsisten mecanismos electorales formales, pero el terreno político está estructuralmente inclinado a favor del oficialismo.

Paralelamente, la cooperación en salud, educación y cultura operó como un instrumento de cooptación social en los sectores más vulnerables, fortaleciendo la base política del régimen. Esta estrategia, ampliamente documentada en regímenes autoritarios y semidemocráticos, permitió neutralizar actores disruptivos y garantizar la lealtad política mediante el acceso condicionado a bienes y servicios esenciales.

Las Misiones Bolivarianas y los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) institucionalizaron esta lógica clientelar, subordinando derechos básicos a la fidelidad política. Al mismo tiempo, el oficialismo perfeccionó una simulación democrática al fomentar una oposición controlada, funcional y fragmentada, combinando la judicialización del adversario con la promoción de partidos ficticios.

Este modelo permitió al régimen resistir sanciones internacionales, protestas internas y el colapso económico, vaciando de contenido real a la democracia venezolana y consolidando un sistema donde la alternancia se volvió prácticamente imposible.

En este contexto, la polarización social, dependencia petrolera y represión crea un ambiente donde la disidencia efectiva es casi imposible. Al mismo tiempo, la semilla ideológica de la revolución cubana se sembró en la administración pública venezolana mediante intercambios y formación de cuadros políticos.

La estructura autoritaria se fortalece (2013–2019)

Tras la muerte de Hugo Chávez en 2013, rodeada de especulaciones nunca comprobadas, Nicolás Maduro heredó tanto el aparato institucional como la alianza estratégica con La Habana.

Maduro había estudiado en Cuba entre 1986 y 1987, en la Escuela de Formación de Cuadros Políticos “Ñico López”, una institución de adoctrinamiento de la izquierda cubana. En la misma recibió adoctrinamiento ideológico y estableció vínculos con estructuras del aparato político cubano y el G2.

Esa formación influyó decisivamente en su desarrollo político posterior y en su alineamiento con el socialismo del siglo XXI impulsado por Fidel Castro y Hugo Chávez, consolidando una continuidad ideológica y metodológica.

En un contexto marcado por la caída de los precios del petróleo y el deterioro acelerado de la economía, la presencia cubana siguió siendo clave para la supervivencia del régimen. Venezuela continuó enviando petróleo a la isla en condiciones preferenciales, muchas veces gratis, mientras Cuba mantenía asesores técnicos, militares y de inteligencia en territorio venezolano, además de brindar el importante respaldo político internacional.

Durante este período, la oposición obtuvo una victoria significativa en las elecciones legislativas de 2015. La respuesta del régimen fue la activación de mecanismos institucionales, diseñados en La Habana y orientados a neutralizar ese resultado. El Tribunal Supremo de Justicia y la Asamblea Nacional Constituyente, creada en 2017, despojaron de poder a la Asamblea Nacional electa, consolidando un modelo híbrido que combinaba formalismos electorales con un autoritarismo cada vez más explícito.

Cuba jugó un rol fundamental asesorando estrategias de seguridad, control social y represión selectiva, enseñando a la estructura chavista métodos que históricamente había empleado en la isla para neutralizar la oposición y mantener el control político.

La elección de 2024 y la crisis prolongada (2020–2025)

La elección presidencial de 2024 marcó la culminación de este proceso de captura y secuestro institucional. Según observadores independientes y reconstrucciones de actas, el opositor Edmundo González Urrutia obtuvo la mayoría de los votos.

No obstante, el aparato judicial y electoral del régimen oficializó la continuidad de Nicolás Maduro sin transparencia ni publicación detallada de resultados, confirmando la inutilidad de la vía electoral como mecanismo de cambio.

A partir de ese momento, quedó claro que el Estado venezolano ya no estaba diseñado para permitir la alternancia en el poder, sino para garantizar la continuidad del régimen. La injerencia cubana siguió siendo visible en múltiples niveles: seguridad, control social y respaldo político internacional.

La dependencia de Cuba del petróleo venezolano reforzó el interés directo de La Habana en la supervivencia del chavismo, considerado clave para su propio equilibrio político y económico, cerrando así el círculo de la dependencia estructural.

Consecuencias económicas y sociales

La alianza con Cuba tuvo efectos directos en la degradación económica de Venezuela. El suministro de petróleo en condiciones preferenciales a Cuba comprometió recursos que podrían haberse destinado a inversión productiva e infraestructura. En su lugar, estos flujos alimentaron redes clientelares y estructuras de dependencia mutua, profundizando el carácter rentista y disfuncional de la economía.

Socialmente, Venezuela consolidó un modelo inspirado en las prácticas del sistema cubano: programas de asistencia estatal dirigidos políticamente, uso de instituciones públicas como mecanismos de control sociopolítico, y dependencia de redes clientelares que erosionaron los mecanismos tradicionales de participación ciudadana independiente.

La influencia cubana contribuyó a debilitar nociones de pluralismo, Estado de derecho y separación de poderes.

El legado de la alianza y la crisis actual

Al cierre del 2025, el vínculo con Cuba sigue siendo un factor intrínseco del estado venezolano: la economía está colapsada, las instituciones debilitadas y la dependencia de actores externos convertida en una constante política.

El diseño autoritario que emergió de la alianza Chávez‑Castro y que fue consolidado posteriormente por Maduro no se explica únicamente por factores domésticos. Requiere entender cómo la injerencia cubana, en términos de inteligencia, seguridad y cultura política, fue parte de la arquitectura de poder que permitió la degradación institucional y social de Venezuela.

Hoy, la crisis venezolana no es solo un problema de mala administración o de política interna: es el producto de una alianza estratégica que transformó el Estado, incrustó prácticas totalitarias de control político y creó una red de dependencia económica que marcó negativamente el rumbo de la nación.

Conferencia de prensa reveladora

En la mañana de hoy, 3 de enero, tras la captura de Nicolás Maduro, se celebró una conferencia de prensa que dejó varias interrogantes abiertas:

  • Según el presidente norteamericano, María Corina Machado no puede estar al frente de la transición porque “no es popular en Venezuela”. ¿Se trató de un error de diagnóstico o de un cálculo político?
  • Cuando le preguntaron sobre la opinión de los aliados de Venezuela (Rusia, China e Irán), concentró la respuesta sobre Putin haciendo una fuerte crítica sobre las pocas intenciones de éste para acordar un cese al fuego y detener la invasión a Ucrania.  ¿Cambio de tono o maniobra estratégica?
  • Cuando le preguntaron sobre Cuba, detalló la situación actual de ese país y a continuación dijo que sobre ello hablaría más adelante. ¿Dejó abierta la puerta a medidas similares posteriores contra Cuba o simplemente una evasión coyuntural?

La operación de extracción llevada a cabo por Delta Force junto al 160th SOAR (Night Stalkers) ha abierto una nueva etapa cargada de interrogantes que solo el desarrollo de los acontecimientos permitirá aclarar.

LV, NV  01/03/2026



2 responses to “Venezuela 1999–2025: la degradación del Estado y la injerencia cubana”

  1. Very interesting

    1. Thank you for your input. If you have any topics related to geopolitics or history, that you would like us to write an article about, please let us know. Have a great 2026!

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