
Queridos Ciudadanos,
Respetados Residentes,
Paroles Humanitarios, CBP Ones, I-220A, I-220B, TPSs; y demás asistentes:
Se termina otro año, y llega el 2026, que esperamos sea mejor… o al menos igual, porque ya con que no sea peor, suspiramos y nos conformamos.
El 2025 fue tan extraño y tóxico que Netflix podría haber hecho el mejor thriller de su historia: “2025: El Año del Estrés Premium”, con al menos doce temporadas, una por cada mes. De seguro tendría Oscar por la Mejor Serie, Mejor Director, Mejor Actor y Mejor Guion Original.
Todos ganados por ustedes saben quién.
La obra vendría acompañada, probablemente y como hecho inusual, por un manual de instrucciones para entenderla y… sobrevivirla.
Pero aquí estamos, vivos, más o menos asustados… y todavía con la capacidad de reírnos de los demás, porque ya nos cansamos de reírnos de nosotros mismos.
Entramos al 2026 con buena vibra: salud, amor, prosperidad… y, sobre todo, los buenos deseos de que en los trabajos nos paguen más, que los jefes ineptos los descarguen por la taza y que los políticos hagan, al menos, el diez por ciento de lo que prometen en campaña.
En fin, colmados de paciencia, de mucha paciencia, porque claramente la vamos a necesitar.
Para este año deseo que sea, al fin, un año inclusivo; pero inclusivo de verdad:
Que incluya a todos:
- el que llega tarde, el que llega temprano, el que no llega, pero manda un mensaje diciendo “estoy en espíritu con ustedes”, así como el que te dice “estoy llegando” y en realidad todavía está saliendo de su casa en el otro extremo de la ciudad;
- el que come carne, el que no come carne, el que no come nada, y el que dice que es intolerante a todo… pero se come el postre completo.
También quisiera:
- que podamos exponer, sin miedo, nuestras mejores virtudes: ser sedentarios, perezosos, autosuficientes, glotones, deportistas frustrados, inventores de excusas ridículas y manipuladores de baja monta… sin que nos lapide la Policía de la Moral del vecindario.
- que se haga la voluntad de nuestro creador, y que venga a nosotros el sentido común;
esa vieja y anticuada costumbre que consistía en entender la intención antes de encender la indignación. Aunque sea una breve aparición… lo apreciamos igual. - que seamos más diáfanos y sencillos, tengamos menos etiquetas, o sea, menos ropas de marca (lo cual agradecerá Walmart, Five Below y las tiendas de segunda mano). Más risas… y menos dureza profesional.
- que haya menos gente ofendida por encargo, y más gente ocupada viviendo.
- que podamos volver a hacer cosas audaces y revolucionarias, entre ellas:
escuchar sin interrumpir,
respetar a nuestros adultos,
agradecer por lo que recibimos,
discrepar sin cancelar,
y sentarnos todos a la mesa sin necesidad de chequear preventivamente las redes sociales del prójimo. - que las mayores ofensas no sean más grandes e imperdonables de:
que tu pareja te brinde un café frío;
que el vecino le ponga clave al Wi-Fi;
que el despertador suene siempre a la hora en que estamos más dormidos;
que la dieta empezada en enero se acabe empezando febrero…
y que alguien se coma, en la madrugada, el pedazo de manjar que habíamos guardado celosamente para el siguiente desayuno. - que si el mundo se vuelve todavía más raro —y eso es casi seguro—, que los gobernantes radicales o los extraterrestres nos encuentren juntos, sentados, comiendo, brindando y riéndonos de todos ellos… y lamentándonos por lo que nos va a pasar después.
Finalmente, un último detalle: les recuerdo que este brindis es inclusivo, diverso y respetuoso… pero el que no se ría, que explique detalladamente después por qué no lo hizo.
LV, NV 12/31/2025

Leave a Reply