Se tenía que decir y…

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Claves para entender el mundo en el 2026

El año 2026 se perfila como un punto de inflexión en el actual orden internacional, surgido tras el final de la Guerra Fría, y aceleradamente erosionado desde 2020. No será un año de resoluciones definitivas, pero sí de decisiones que fijarán trayectorias duraderas: en los conflictos armados, en la competencia entre grandes potencias, en la economía global, en la regulación tecnológica y en la arquitectura misma del derecho internacional.

Las tensiones acumuladas —bélicas, económicas, sociales y tecnológicas— convergen en un contexto de liderazgo político fragmentado, instituciones multilaterales debilitadas y una creciente preferencia por soluciones unilaterales. Comprender 2026 exige, por tanto, una mirada amplia, comparativa y desprovista de emociones, capaz de distinguir entre retórica, intención y capacidad real de acción.

REGIONES / PAISES

África: La lucha por los minerales

África se consolida como un espacio central en la competencia global por recursos estratégicos.

La intensificación de la competencia global, las crecientes demandas públicas de reformas y los prolongados desafíos de seguridad marcarán el rumbo de África en el próximo año. Es probable que el interés de los países europeos, asiáticos y del Golfo Pérsico, -en esa región-, aumente a medida que compiten por asegurar el suministro de cobalto, cobre y otros minerales necesarios para la transición energética.

Esto podría ofrecer oportunidades para reconfigurar las cadenas de suministro industriales y fortalecer la economía africana, que sigue lidiando con un alto desempleo juvenil, una productividad estancada y una deuda creciente. Es probable que las asociaciones en el “cinturón de cobalto y cobre” de la República Democrática del Congo y Zambia se expandan en 2026, impulsadas por una mayor inversión en proyectos de baterías, refinación y corredores de transporte.

Los Estados del Golfo, liderados por los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Qatar, se están consolidando como socios económicos a largo plazo en todo el continente y se espera que continúen invirtiendo en infraestructura, puertos, corredores logísticos, agricultura y energía. Esto refleja el creciente reconocimiento de que los mercados, los recursos y las rutas marítimas de África serán fundamentales para la economía global.

El próximo año, se espera que el crecimiento en todo el continente se mantenga sólido, aunque desigual, con África Oriental acercándose al 6% en algunas economías. África Occidental continuará diversificándose a través de la expansión industrial y la inversión en energía. Sin embargo, persisten los desafíos. Los conflictos prolongados, especialmente la guerra en Sudán, seguirán desestabilizando la región.

La escalada de la violencia y el estancamiento de los esfuerzos de mediación liderados por Estados Unidos corren el riesgo de agravar la crisis humanitaria en ese país, la que ha desplazado 12 millones de personas. Abordar estos problemas requerirá una voluntad política renovada en un momento en que la participación internacional está fragmentada y la ayuda al desarrollo está disminuyendo cada vez más.

Sin embargo, el ataque de fuerzas de Estados Unidos, el 25 de diciembre pasado, contra militantes del Estado Islámico (ISIS) en Nigeria, como respuesta a las matanzas de cristianos a manos de ese grupo terrorista, abre una puerta nueva en la política exterior norteamericana.

Según las propias declaraciones de Donald Trump, llegaron a esa fase extrema de escalamiento después de varias advertencias para que cesaran de masacrar a los civiles cristianos. En la comunicación emitida, el presidente norteamericano expresó: “Previamente les advertí a estos terroristas que, si no detenían la masacre de cristianos, se desataría un infierno, y esta noche lo hubo”.

Después de este precedente, pudieran esperarse acciones quirúrgicas similares no solamente en África, sino en otros lugares donde esos grupos terroristas depredan sin freno.

En otro orden de acontecimientos, las protestas lideradas por la llamada Generación Z en Kenia, Tanzania y Madagascar en 2024 y 2025 pusieron de manifiesto la creciente insatisfacción con las élites arraigadas, las elecciones fraudulentas y las desigualdades sociales.

Las elecciones en Etiopía, Uganda y Somalia podrían verse afectadas en 2026, a su vez, porque las generaciones más jóvenes exigen transparencia y rendición de cuentas políticas.

Sin dudas, las demandas de las generaciones más jóvenes, por transparencia y oportunidades, podrían alterar el panorama político en varios países de la región.

América Latina: ebullición política

América Latina se enfrenta a otro año electoral turbulento, que probablemente estará marcado por la volatilidad y la polarización política que definieron el final de 2025. En Chile, el ultraderechista José Antonio Kast derrotó a su oponente comunista en las elecciones presidenciales de diciembre, dando paso al gobierno más conservador del país desde el fin de la dictadura en 1990.

En Perú, más de 30 candidatos están registrados para competir en las elecciones presidenciales de abril. Si esto estabilizará la política peruana, —que ha visto a ocho presidentes destituidos por juicio político, o la amenaza de estos, en los últimos nueve años—, es otra cuestión.

El mes siguiente, Colombia celebrará sus elecciones presidenciales para reemplazar al impopular presidente de izquierda Gustavo Petro, quien tiene prohibido constitucionalmente postularse para un segundo mandato.

En las elecciones generales de Brasil, a efectuarse en octubre, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se presentará para un cuarto mandato. Su predecesor populista de derecha, Jair Bolsonaro, tiene vetado presentarse tras ser condenado a más de 27 años de prisión, en noviembre, por planear un golpe militar. Pero una victoria de Lula no está ni mucho menos asegurada, especialmente si los bolsonaristas logran unirse en torno a un candidato de consenso.

El próximo año también será crucial para que despeguen totalmente las agresivas reformas económicas del presidente argentino Javier Milei, después de que este consiguiera un acuerdo de “estabilización económica” con el presidente estadounidense a finales de 2025.

En México, el controvertido programa de la presidenta populista de izquierda radical Claudia Sheinbaum, para elegir a todos los jueces federales, se enfrentará a una prueba de fuego: en junio se cumplirá un año desde su elección. La conversión de ese país en un narcoestado es algo que parece indetenible.

Persisten graves desafíos de seguridad en toda la región, desde la creciente crisis humanitaria en Haití hasta la lucha del presidente ecuatoriano Álvaro Noboa para sofocar la violencia de las pandillas.

Si la administración norteamericana cumple con las amenazas de expulsar al narco presidente venezolano Nicolás Maduro, las repercusiones para el régimen de La Habana serían enormes.

China: Xi Jinping apuesta por la autosuficiencia tecnológica e industrial

Algunos analistas anticipan que las relaciones entre Estados Unidos y China podrían mejorar en el 2026. El presidente estadounidense Donald Trump y el líder chino Xi Jinping planean visitas recíprocas tras la tregua en la guerra comercial acordada en octubre. Sin embargo, esta distensión será limitada.

Si bien los think tanks políticos y de seguridad estadounidense creen que Estados Unidos debe prepararse para décadas de fuerte competencia estratégica con China; Trump, inocentemente, ve a Beijing como un socio con el que puede hacer negocios, incluso mientras utiliza amenazas tácticas para asegurar ventajas a corto plazo.

Independientemente de lo que piense Trump, Xi sabe que Washington intenta limitar a China a largo plazo.

Cuando el Partido Comunista Chino lance su 15º Plan Quinquenal en marzo, se espera que Xi acelere el impulso de China hacia la autosuficiencia tecnológica e industrial, protegiendo a su país de los puntos críticos controlados por Estados Unidos, como los semiconductores avanzados.

Finalizando este 2025, el viernes 26 de diciembre, Pekín tomó una decisión inusual al imponer sanciones contra 20 empresas estadounidenses del sector de defensa y 10 ejecutivos, una semana después de que Washington anunciara una venta de armas a gran escala a Taiwán; un paquete de armamento de 11.100 millones de dólares, uno de los más grandes en la historia de Estados Unidos.

Con esta medida, Pekín condenó enérgicamente la venta por considerar que viola sus reivindicaciones de soberanía sobre la isla. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores chino, las sanciones implican la congelación de los activos de las empresas en China y la prohibición de que personas y organizaciones realicen transacciones con ellas.

Entre las empresas sancionadas están Northrop Grumman Systems Corporation, L3Harris Maritime Services y Boeing en San Luis, mientras que Palmer Luckey, fundador de la empresa de defensa Anduril Industries, es uno de los ejecutivos sancionados, quienes ya no pueden hacer negocios en China y tienen prohibida la entrada al país. Sus activos en el país asiático también han sido congelados.

De esta manera, Xi Jinping le dio a Trump a probar de una de sus medicinas preferidas: las sanciones a empresas y a individuos. Probablemente esta medida sea usada por China para obtener alguna ventaja negociadora, la misma práctica que ejerce Estados Unidos con sus sanciones y, últimamente, con los aranceles.

No hay dudas que el complejo desarrollo de las relaciones entre Estados Unidos y China afectará al resto del mundo, dado el poder y la influencia sin igual de ambas naciones.

Esto será evidente cuando las dos superpotencias participen en cumbres claves en 2026: la APEC en China, en noviembre, y el G20 en Estados Unidos, en diciembre.

En otras partes de Asia; Bangladesh y Nepal celebrarán elecciones en el primer trimestre del año, en un intento por superar las recientes revoluciones lideradas por jóvenes. Los nuevos líderes de Japón y Corea del Sur, la primera ministra Sanae Takaichi y el presidente Lee Jae-myung, intentarán gestionar dos flagelos muy delicados: la polarización política y el lento crecimiento económico interno, al tiempo que deben trabajar fuertemente para equilibrar las complejas relaciones que mantienen sus respectivos países con Estados Unidos y China.

Europa: frágil estabilidad bajo presión

No es secreto que Europa enfrentará un año decisivo. Obviamente, Ucrania seguirá siendo el punto de fricción de Europa en 2026. El apoyo a Kiev se verá puesto a prueba por el cansancio político en las capitales de la Unión Europea, la creciente incertidumbre sobre el cumplimiento de los compromisos de Estados Unidos si llegara el momento, y la presión económica derivada de la prolongada ayuda militar y financiera.

Pero persistirán otras tensiones. En primer lugar, el auge sin freno del populismo amenaza con erosionar el centro político en las principales democracias europeas y paralizar la integración política de la UE.

El impulso electoral de los partidos de extrema derecha se pondrá a prueba cuando Dinamarca, Hungría, Eslovenia y Suecia celebren elecciones parlamentarias en 2026.

Bulgaria también será motivo de preocupación. ¿Cómo podrían las campañas de influencia rusas explotar la ambivalencia respecto a la adhesión a la eurozona en enero y las elecciones presidenciales previstas para noviembre?

En segundo lugar, es probable que crezca la oposición a la transición energética a medida que los votantes sientan el impacto del aumento de los costos energéticos y las industrias, con altas emisiones de carbono, tengan dificultades para alcanzar los estándares fijados para reducirlas sin comprometer su competitividad.

En enero entrará en vigor el mecanismo de fijación de precios del carbono de la UE para los productos que entran en el mercado único, pero la presión política a nivel nacional podría dar lugar a importantes exenciones para sectores clave y socios comerciales.

Las relaciones de Europa con China se desarrollan en este contexto. Por un lado, Europa debe mantener los vínculos comerciales con el mayor productor mundial de energía solar y otros equipos de bajas emisiones de carbono; por otro, debe reforzar los controles de seguridad y tecnología. Este difícil equilibrio no será más fácil en 2026.

La cumbre de la Comunidad Política Europea, -a celebrarse en mayo en Ereván, Armenia-, será un punto de referencia importante. Allí se pondrá a prueba la capacidad de Europa para diversificar sus alianzas estratégicas y reconocer el papel de otras regiones en el fortalecimiento de la seguridad regional.

Reino Unido: demonios internos y abandono de los amigos

El gobierno británico enfrenta en 2026 grandes desafíos que ya no puede seguir posponiendo. Debe estabilizar la situación político-social interna cada vez más fragmentada mientras intenta encontrar su posición estratégica entre Estados Unidos y Europa. Ambas tareas se ven complicadas por el estancamiento económico, el desgaste institucional y el avance de fuerzas populistas.

Tras la Conferencia de Seguridad de Múnich del pasado mes de febrero, en la que el vicepresidente estadounidense JD Vance minimizó la amenaza de Rusia y criticó duramente las políticas europeas, el gobierno laborista hizo un esfuerzo concertado para reforzar la cooperación en materia de defensa con Europa.

Firmó un nuevo acuerdo de defensa con Alemania y renovó su tratado con Francia. También concluyó una Asociación de Seguridad y Defensa con la Unión Europea en mayo. Sin embargo, las disputas sobre las contribuciones del Reino Unido a los fondos de la UE y los planes de préstamos de la UE para impulsar el gasto en defensa han frenado el impulso desde entonces.

Mientras la actual administración estadounidense sigue vacilando en su apoyo a Ucrania y a la seguridad europea, el Reino Unido deberá intensificar la colaboración con sus socios europeos en materia de defensa común de cara a la cumbre UE-Reino Unido de 2026.

Sin embargo, la elevada deuda pública, el estancamiento político interno y los desafíos de la derecha populista dificultarán el aumento del gasto en defensa y la cooperación efectiva para las tres principales economías europeas: Francia, Alemania y el Reino Unido.

Si bien el Reino Unido ha logrado algunos éxitos a corto plazo al obtener concesiones arancelarias de la administración Trump, su cautelosa renovación de algunos vínculos comerciales y de investigación con China podría generar críticas del Tío Sam, a menos que el presidente norteamericano esté más concentrado en las elecciones de medio término.

Keir Starmer se enfrentará a sus propios desafíos en este frente, ya que las elecciones locales en Gran Bretaña y las elecciones a la Asamblea de Gales en mayo podrían dar más poder al partido populista de extrema derecha Reform, asestando un nuevo golpe a su no muy popular liderazgo.

Oriente Medio: la paz de cristal

Este 2026 pondrá a prueba si los frágiles ceses del fuego en Oriente Medio pueden sentar las bases para una diplomacia significativa y de acuerdos de paz sostenibles, cambiando el tono bélico actual. Pocos observadores apuestan a que esto suceda.

El alto al fuego en Gaza, mediado por Estados Unidos en octubre, ofrece respiro precario para los palestinos, una población devastada por dos años de violenta guerra y hambruna sin igual.

La presión diplomática ejercida desde Washington, tanto sobre Israel como sobre Hamás, fue determinante. Sin embargo, la incertidumbre sigue ensombreciendo un proceso que carece de un marco detallado, un cronograma a cumplir y compromisos firmes por ambas partes.

Transformar este alto el fuego en un proceso político y de reconstrucción requerirá un esfuerzo internacional sostenido y la implicación activa de las potencias regionales, incluidos los Estados del Golfo. Restaurar la confianza entre los actores implicados y reactivar los Acuerdos de Abraham debería ser prioritario, aunque es una tarea titánica.

Por su parte, Líbano y Siria siguen sumidos en una fragilidad institucional crónica. El gobierno de transición sirio ha solicitado al Líbano la entrega de unos 300 oficiales del régimen anterior, lo que crea una situación delicada para Beirut, con presiones de Damasco y de otros intereses internacionales.

Desde fines del 2024 comenzaron los enfrentamientos entre el nuevo gobierno sirio y Hezbolá (que apoyó a Assad), incluyendo ataques con cohetes desde Siria y represalias libanesas, por control fronterizo y contrabando de armas. Esto los hace muy vulnerables a la reanudación del conflicto y a nuevos ataques israelíes.

Las elecciones parlamentarias libanesas, previstas para mayo de 2026, podrían brindar una oportunidad para estabilizar un gobierno tecnocrático, respaldado internacionalmente. Pero, a pesar de las negociaciones directas entre Israel y el Líbano, persisten las cuestiones sin resolver sobre el desarme de Hezbolá y las continuas incursiones israelíes en territorio libanés.

Aunque Siria ha celebrado sus primeras elecciones parlamentarias y la violencia ha disminuido tras los ataques en Suwayda, los esfuerzos de reconstrucción se están retrasando. La histórica visita del presidente Ahmed al-Sharaa a la Casa Blanca en noviembre de 2025 y el levantamiento de las sanciones estadounidenses podrían no ser solamente buenas noticias políticas, sino la puerta para nuevas oportunidades económicas para Siria.

En este particular no se debe ser muy optimista, puede haber más intención que hechos concretos.

Mientras tanto, el fantasma de otro enfrentamiento entre Israel e Irán se cierne tras la guerra de 12 días en junio. A pesar del escaso interés de Israel en las conversaciones, una nueva ronda de diplomacia con Teherán podría ser esencial para evitar la reanudación del programa nuclear de los ayatolás.

Si Israel continúa priorizando la disuasión por la fuerza sobre la diplomacia y un proceso de paz palestino, la volatilidad de la zona y la peligrosidad para el comercio internacional continuarán elevados en el 2026.

Casi con certeza se convocarán elecciones en Israel este 2026, donde el resultado será incierto. Aunque el costo político pagado por el primer ministro Benjamín Netanyahu ha sido alto, quizás todavía pueda imponerse a una oposición dividida.

Washington: reconfiguración política

El presidente estadounidense Donald Trump ha pasado el primer año de su segundo mandato haciendo altisonantes declaraciones sobre el tema de la pacificación mundial y regional.

Ahora se enfrenta a la realidad de cumplirlas. En este año que comienza en pocas horas, Estados Unidos celebra el aniversario 250 desde su fundación, mientras el liderazgo de Donald Trump se pondrá a prueba cuando intente mantener frágiles ceses del fuego, gestionar las tensas relaciones con Pekín y dirigir una economía global cada vez más volátil.

Pero, no solamente los 250 años de la República Federal Constitucional más antigua que existe, es la noticia. Otras fechas marcarán hitos importantes para Estados Unidos.

El aniversario de la investidura de Trump, el 20 de enero, es el primero de ellos. En julio, el acuerdo comercial más importante de Norteamérica —entre Estados Unidos, Canadá y México— se someterá a renegociación. En noviembre, las elecciones de mitad de mandato podrían dar lugar a un Senado o una Cámara de Representantes controlados por los demócratas, lo que limitaría el poder del Ejecutivo.

En 2025, Trump ha destacado su papel como pacificador en importantes crisis, desde Israel-Gaza hasta India-Pakistán y Armenia-Azerbaiyán. Estos frágiles acuerdos se pondrán a prueba en 2026, particularmente en Oriente Medio, con el establecimiento de una fuerza de seguridad internacional para Gaza.

Por otro lado, es poco probable que la errática relación de Trump con Vladimir Putin resuelva la guerra en Ucrania. La Unión Europea ha comprendido que ellos son los que tienen el protagonismo necesario en este álgido tema.

Los reveses en estas áreas podrían disminuir el interés de Trump en la participación directa en las negociaciones, socavando su aspiración perenne al Premio Nobel de la Paz.

La visita de Estado de Trump a Pekín, prevista para esta primavera, ofrecerá una visión más clara de si los dos rivales estratégicos acordarán un nuevo modus vivendi. Hasta ahora, el enfoque de la administración norteamericana han sido constantes contradicciones, intensificando la presión económica a la vez que ofrece concesiones en materia de seguridad nacional en algunas tecnologías avanzadas, incluidos los semiconductores.

Sin una nueva y clara estrategia por parte de Washington, nos espera una montaña rusa de guerras arancelarias, intervenciones militares quirúrgicas y presiones a los socios que buscan mantener lazos con Pekín. Con influencia directa en los mercados cambiarios y los fondos de inversión. En esto no hay duda.

La vigésimo tercera Copa Mundial de Fútbol (junio 11 – julio 19) que se desarrollará en 16 ciudades de Estados Unidos, Canadá y México es un evento mundial que enfrentará por primera vez a 48 contendientes. Las medidas extremas de seguridad, al menos en las instalaciones de Estados Unidos, ya han levantado polémica, al margen si son justificadas o no.

El evento pudiera pasar a la historia por los escándalos y abusos de fuerza excesiva, más que por la destreza y el desempeño de los participantes.

Otro tema para seguir de cerca es el desarrollo de la misión tripulada de la NASA alrededor de la Luna en este 2026. Si todo sucede según lo planificado, la NASA recuperará parte del orgullo perdido y los Estados Unidos podrían hacer que sus astronautas regresen a la Luna en 2027, después de una larga pausa de 55 años.

Es importante este evento porque se ha viajado a la Luna en seis misiones tripuladas (Apolo 11, 12, 14, 15, 16, y 17) entre 1969 y 1972, logrando que un total de 12 astronautas caminaran sobre su superficie, pero desde 1972 no ha habido más misiones humanas a la Luna, aunque se han enviado numerosas sondas no tripuladas.

TEMAS

Conflicto Rusia-Ucrania: compromiso, financiación y tecnología

La invasión rusa de Ucrania no se explica únicamente por la narrativa propagandística del Kremlin sobre la OTAN y la seguridad regional. Sus raíces son más profundas: revisionismo histórico, declive económico, crisis demográfica y la necesidad de supervivencia de un proyecto imperial en retroceso.

La ansiedad propia de una gran potencia en decadencia terminó empujando a Moscú hacia la guerra; una decisión que, muchos dentro de los círculos de poder del propio sistema ruso, probablemente lamentan.

Cuatro años después de la invasión a gran escala, una solución pacífica sigue estando lejos de alcanzarse. Mientras Vladimir Putin persista en su agenda de someter, no solo las regiones orientales de Ucrania, sino al país entero, es improbable que las negociaciones, incluso con mediación estadounidense, logren por sí solas detenerlo.

En este contexto, 2026 será una auténtica batalla de voluntades. Ucrania ha adaptado su economía a una guerra prolongada y ha fortalecido su capacidad industrial para producir armamento de primera calidad y tecnología, algo impensable pocos años atrás.

Es igualmente vital que Ucrania gane la carrera tecnológica en la interceptación de drones y obtenga capacidades de ataque de largo alcance de sus aliados europeos porque el factor humano comienza a ser crítico. La escasez de personal ha llevado incluso a considerar la reducción de la edad mínima de movilización, de 25 años a 19 años, para los soldados que se envíen al frente.

Rusia, por su parte, continúa innovando. Sus misiles balísticos, al parecer, ahora son capaces de evadir interceptores como el conocido sistema Patriot, de fabricación estadounidense.

Pero las noticias no son del todo agradables para Rusia. En el marco de este conflicto hay otra preocupación en los caminos hacia una colisión que están llevando Europa y Rusia.

Rusia solía dominar el Mar Negro, pero ahora está siendo discretamente arrinconada. Con la OTAN expandiéndose hacia Rumania, Turquía reforzando su control naval y Georgia construyendo un puerto de aguas profundas; tres acciones que cambiarán el dramáticamente el panorama en la región.

Moscú, abrumada por la guerra, las sanciones y el rechazo mundial; ahora está perdiendo claramente influencia en una zona estratégica para ella sin que se haya disparado un solo tiro. En el centro de todo esto se encuentra un nuevo corredor marítimo que evita por completo el territorio ruso, restándole la presencia y el poder que otrora ostentaba.

Volviendo al conflicto Rusia-Ucrania, la pregunta clave es si la “coalición de los dispuestos a ayudar” en Europa, podrá convertirse en la “coalición de los que ayudan realmente”. La respuesta es crucial, dado que Estados Unidos se distancia cada vez más del continente. Para mantener la línea del frente, y quizás comenzar a recuperar el terreno, Ucrania necesitará en el 2026 alrededor de 100 mil millones de dólares en ayuda militar y apoyo financiero, así como acceso al mejor equipamiento militar disponible.

Las sanciones contra Rusia probablemente se endurecerán como respuesta a las continuas negativas del Kremlin a cooperar en los distintos esfuerzos de paz. No obstante, Kiev necesitará mucho más que sanciones a su enemigo para cambiar el curso de la guerra.

En diciembre, los líderes de la Unión Europea acordaron prestar a Ucrania 90 mil millones de euros durante los próximos dos años, tras no lograr un consenso sobre la propuesta inicial de financiar un préstamo de reparación de 140 mil millones de euros usando activos soberanos rusos congelados. Europa evitó así provocar una escalada directa con Moscú.

La iniciativa PURL de la OTAN (Lista de Requisitos Prioritarios para Ucrania), que anima a los Estados miembros a comprar sistemas de armas estadounidenses para Ucrania, también requerirá más financiación en 2026. Hasta ahora, los compromisos son modestos, solo se han confirmado 2 mil millones de dólares de 13 miembros.

La próxima cumbre de la OTAN en Ankara, prevista para julio, podría ser un momento crucial para reforzar estos compromisos y definir los futuros acuerdos de seguridad para Ucrania. 

Tratados nucleares que expiran: viejo peligro, nuevas decisiones

En 2026 se avecinan momentos cruciales para la estabilidad nuclear. El Nuevo START, -un tratado de control de armas nucleares entre Rusia y Estados Unidos-, expira en febrero, dejando a ambas potencias sin un acuerdo bilateral de control de armas por primera vez en más de medio siglo.

¿Podrán las dos potencias con los mayores arsenales nucleares existentes encontrar una manera de prorrogar el tratado? La respuesta no es fácil. Algunos estudiosos creen que el Kremlin va a condicionar la firma de un nuevo acuerdo a que se detenga el apoyo europeo y estadounidense a Ucrania.

El programa nuclear de Irán seguirá siendo otro foco de tensión, después de que los ataques estadounidenses de junio no lograran destruir sus instalaciones. A medida que Teherán se acerca a la producción de uranio apto para armas nucleares y las opciones diplomáticas se reducen, el riesgo de un nuevo conflicto entre Irán y Estados Unidos o sus socios regionales aumentará en el próximo año.

China está expandiendo rápidamente su arsenal nuclear. Se estima que alcanzará las 1.000 ojivas nucleares para 2030. Actualmente hay cálculos de que posee alrededor de 650.

Aunque esto representaría solo una quinta parte del tamaño del arsenal ruso o estadounidense, Pekín está alterando el equilibrio estratégico. No hay conversaciones a la vista con Moscú y Washington, y cualquiera de ellos podría usar las acciones de Pekín como pretexto para adquirir más armas.

Mientras tanto, el anuncio del presidente norteamericano sobre la reanudación de las pruebas de armas nucleares estadounidenses aumenta el riesgo de escalada. El peligro no radica en que Estados Unidos realice una prueba en 2026 —algo que sigue siendo improbable—, sino en que esta retórica podría dar a Rusia o China la justificación política para reanudar sus propias pruebas. Hasta el momento han manejado con bastante cautela este tema, pero, sin dudas, es una posibilidad latente.

En abril y mayo, se celebrará la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación para evaluar el estado de uno de los acuerdos de control de armas más efectivos. Es probable que el ambiente sea tenso: ¿dará lugar a un compromiso significativo con las normas de no proliferación o revelará fracturas terminales en los acuerdos?

Las tecnologías emergentes aumentan esta incertidumbre. La integración de la Inteligencia Artificial en los sistemas militares incrementa los riesgos de accidentes, paradójicamente; mientras que los avances en la computación cuántica podrían romper el cifrado que protege las comunicaciones, los sistemas de alerta temprana y los enlaces de mando, cruciales para la estabilidad estratégica sobre la que se basa la disuasión nuclear.

Si le añadimos la guerra asimétrica, una práctica cada vez más común, estamos en presencia en un cambio dramático en la táctica y estrategia militar, incluyendo la utilización real de los arsenales nucleares.

Economía global: frágil resiliencia

La economía mundial sorprendió en 2025 al resistir mejor de lo previsto el impacto de los aranceles estadounidenses. Contra todo pronóstico y, hasta el momento, la economía mundial ha sufrido menos de lo que muchos predijeron a raíz de medidas como el aumento de la tasa arancelaria promedio estadounidense, a su nivel más alto desde la década de 1930.

El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento de poco más del 3% en 2026, y, más asombroso aún, los mercados bursátiles globales alcanzaron recientemente máximos históricos.

Esta resiliencia se debe en parte a que otros países optaron por no tomar represalias contra los aumentos arancelarios estadounidenses y continuaron comerciando entre sí bajo los términos de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Una decisión sabia y correcta.

Otros factores compensatorios incluyen el auge de la inversión en inteligencia artificial en Estados Unidos, la flexibilización del freno de la deuda en Alemania y el debilitamiento del dólar estadounidense.

Una pregunta clave para 2026 es si estas fuerzas continuarán contrarrestando los efectos negativos de las acciones de Washington en las economías estadounidense y su efecto global.

Un escenario posible, aunque no muy probable, contempla una fuerte corrección en los mercados financieros, o incluso un colapso, amplificado por una contracción en los mercados de crédito privados.

Otra interrogante se refiere a la persistente debilidad relativa del crecimiento chino. Una combinación de factores, que incluyen la pobre demanda interna, la caída de los precios de la vivienda, la excesiva competencia interna y la creciente protección en el extranjero contra las exportaciones chinas fuertemente subsidiadas.

Estos factores podrían, finalmente, obligar a las autoridades chinas a implementar las medidas fiscales y monetarias necesarias para impulsar el consumo interno; algo a lo que se han resistido con uñas y dientes.

Otro posible punto es que el presidente estadounidense podría verse limitado en el uso de aranceles por las sentencias de la Corte Suprema, y un cambio al control demócrata del poder legislativo estadounidense en las elecciones de mitad de período de noviembre. Lo segundo parece ser más probable que la idea de la Corte Suprema.

Derecho internacional: en el filo de la navaja

El orden jurídico internacional se ha visto gravemente puesto a prueba durante el último año. La aplicación selectiva, cada vez más común, de normas y el auge del unilateralismo erosionan la confianza en las instituciones multilaterales.

La incapacidad para abordar el conflicto en Gaza en los mismos términos que la respuesta de Occidente al de Ucrania ha aumentado la desconfianza en los organismos internacionales.

Mientras tanto, Washington ha fomentado enfoques más unilaterales al extender su campaña de aranceles coercitivos, desplegar fuerza militar letal contra presuntos narcotraficantes en Venezuela y aplicar sanciones selectivas contra funcionarios internacionales considerados contrarios a los intereses estadounidenses.

La pregunta para 2026 es si el sistema de derecho internacional podrá sobrevivir o continuará su declive progresivo.

En enero de 2025 se formó una nueva alianza de países, el Grupo de La Haya, para exigir responsabilidades a Israel por presuntas violaciones del derecho internacional en Palestina. Se espera que este año el grupo cobre impulso al apoyar la implementación de las decisiones tanto de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) como de la Corte Penal Internacional (CPI) sobre Palestina.

La CIJ también podría emitir un fallo largamente esperado sobre el presunto desplazamiento forzado de la minoría rohingya en Myanmar, en otro caso presentado por Gambia. También es posible que se produzcan avances en los casos de la CPI relativos a posibles crímenes de guerra en Gaza y Ucrania.

Sin embargo, persisten las incertidumbres. ¿Podrá el comercio internacional resistir el auge del unilateralismo y la interferencia con el libre comercio? ¿Podrá Occidente persuadir a otros Estados de que los principios humanitarios son preocupaciones universales, en lugar de instrumentos de intervención en los asuntos internos de los Estados?

Las respuestas a estas preguntas determinarán el rumbo del derecho internacional en 2026.

Salud global: malabares con menos recursos y más riesgos

Tres decisiones importantes en 2025 tendrán repercusiones a lo largo del venidero año: la reducción generalizada de la ayuda al desarrollo para la salud, la abrupta retirada de Estados Unidos de la cooperación multilateral en salud global, y el carácter limitado del Acuerdo sobre Pandemias alcanzado en mayo pasado.

Durante décadas, Estados Unidos fue el principal donante de la Organización Mundial de la Salud, aportando más de 1.200 millones de dólares entre 2022 y 2023. Si bien su retirada de la organización en enero de 2025 no fue una sorpresa, la rapidez tajante y la magnitud de su reducción de la ayuda al desarrollo —recortando el 80% de los programas de USAID— conmocionaron al mundo.

Dado que otros países donantes importantes también tuvieron que recortar sus presupuestos de desarrollo en 2025, queda por ver en qué medida los instrumentos de financiación multilateral, como el Fondo Mundial y el Fondo para Pandemias, seguirán marcando la agenda de la salud global. Esta incertidumbre podría dar lugar a más relaciones bilaterales y fomentar que los mecanismos regionales cubran el déficit de financiación.

Si bien los países adoptaron el Acuerdo sobre Pandemias en mayo de 2025, aplazaron las negociaciones sobre su elemento más sustantivo y controvertido: un sistema que permita el acceso rápido a los patógenos necesarios para desarrollar pruebas, vacunas y terapias, y para garantizar el acceso equitativo a dichos productos.

Mayo 2026 es la fecha límite para la presentación de este sistema, y ​​la ratificación del acuerdo no puede comenzar hasta que se haya adoptado. Sin embargo, existe la preocupación de que los acuerdos bilaterales de Estados Unidos de “ayuda a cambio de patógenos” puedan socavar el progreso de negociación.

En septiembre, las Naciones Unidas celebrarán su segunda Reunión de Alto Nivel sobre prevención, preparación y respuesta ante pandemias. El resultado de esta reunión indicará hasta qué punto los jefes de Estado comprenden la importancia de este asunto en un mundo globalizado; y, por lo tanto, si están dispuestos a comprometerse con la equidad, la financiación y la rendición de cuentas en relación con las deficiencias en la preparación ante futuras crisis sanitarias.

Inteligencia Artificial: real o aún burbuja

En 2026 podrían materializarse las primeras correcciones asociadas a las expectativas sobredimensionadas en torno a la Inteligencia Artificial. El impacto en el empleo será desigual, pero profundo, especialmente en las economías avanzadas.

Dado que la IA se adopta a un ritmo más rápido en las economías avanzadas, el impacto en la fuerza laboral será mayor, afectando hasta al 60% de los empleos en la próxima década. Como consecuencia directa, las desigualdades se dispararán. La tecnología de IA podría ayudar a las economías avanzadas a aumentar la productividad hasta el doble que en los países de bajos ingresos.

Mientras tanto, las empresas tecnológicas estadounidenses y chinas, como OpenAI, Google y Anthropic; así como las recién llegadas como DeepSeek, continuarán una carrera implacable para desarrollar una IA cada vez más potente. Estos países, que ya poseen tres de cada cuatro supercomputadoras de IA del mundo, aumentarán su colosal cuota de capacidades globales de IA.

A medida que se amplía la brecha entre Estados Unidos, China y el resto del mundo, las potencias intermedias deben tomar conciencia de la necesidad de construir una infraestructura tecnológica que sirva al interés nacional. Ellas deberán decidir si construyen capacidades propias o aceptan una dependencia estructural.

Este mensaje va directo a la Unión Europea, la cual parece que ha abandonado la competencia en este crucial sector emergente antes de que haya sonado el disparo de arrancada.

A lo largo del 2026, más estados trabajarán para reducir o gestionar su dependencia tecnológica de las dos superpotencias de la IA. La continua inversión de India en infraestructura pública digital, desde identificaciones digitales hasta sistemas de pago, podría animar a otros países de ingresos medios a seguir su ejemplo.

Persisten grandes interrogantes sobre el futuro de la posible supeditación global a la IA.

Es imperativo que no más tarde del 2026 se redoblen los esfuerzos para establecer normas de supervisión y regulación de la IA avanzada. En febrero, gobiernos, empresas, científicos y activistas intentarán pasar de la discusión a la acción en la Cumbre sobre el Impacto de la IA, a celebrarse en Nueva Delhi.

En julio, el nuevo Diálogo Global sobre IA de la ONU, se reunirá en Ginebra para continuar las conversaciones.

Definitivamente hay que dejar menos espacio a los burócratas y tomar medidas concretas.

A medida que avancen estas discusiones, es probable que la visión de China sobre cómo controlar la IA, -centrada en el supuesto de la protección de la soberanía estatal, que esconde un férreo control por parte del estado policial-, gane más fuerza entre los países de ingreso medio, lo que supondrá un desafío para el liderazgo y visión occidental en este campo estratégico.

La expansión de sistemas de código abierto será clave para preservar un ecosistema más plural.

Acción climática: adaptación forzada

Este tema ha sido controversial por muchas razones. La principal fue el escándalo asociado a la filtración de correos electrónicos donde los mismos científicos que alertaban apocalípticamente por acciones para detener la catástrofe climática; reconocían que el daño no era tal y que la exageración justificaba que siguieran recibiendo los recursos necesarios para trabajar y vivir.

Esas lluvias trajeron los lodos posteriores como las consecuencias del bloqueo estadounidense a los acuerdos ambientales internacionales, que se extenderán hasta bien entrado 2026.

El Tratado Mundial sobre los Plásticos y un acuerdo histórico de la Organización Marítima Internacional para reducir las emisiones del transporte marítimo requerirán una renegociación sustancial como resultado.

La ausencia de Washington en la COP30 en Brasil, -que se celebró en Belém, Brasil, en noviembre pasado, reuniendo a líderes mundiales en el corazón del Amazonas, para negociaciones climáticas cruciales, enfocándose en ambiciosos objetivos de transición energética y la participación de pueblos indígenas-, fue notoria y preocupante, lo que ralentizó los avances hacia la descarbonización y la eliminación gradual de los combustibles fósiles.

La conferencia reveló un cambio en las prioridades globales hacia la adaptación climática, lo que refleja un reconocimiento creciente de que adaptarse al cambio climático es importante para la estabilidad económica, la seguridad nacional y la planificación del desarrollo.

Es decir, la agenda climática se desplaza gradualmente de la idea original de la mitigación, hacia la realidad práctica de la adaptación.

La COP30, -trigésima Conferencia de las Partes de la ONU sobre el Cambio Climático-, contribuyó a reforzar el apoyo a las coaliciones que buscan reducir las emisiones en la agricultura, la siderurgia y otras industrias. Se prevén avances en 2026 en materia de estándares operativos, mayor inversión y despliegue tecnológico.

Sin embargo, la persistente escasez de financiación para el desarrollo y la acción climática agudizará las tensiones entre las economías avanzadas y los países en desarrollo en torno a la distribución de los costos de la transición energética. Esta fricción será particularmente visible en la próxima cumbre de la COP en Antalya, Turquía, en noviembre.

En este acápite no se puede obviar que la guerra arancelaria de Estados Unidos ha puesto de manifiesto el dominio de China en la capacidad de procesamiento de minerales críticos, un posible punto de estrangulamiento para la transición a la energía limpia si persisten las tensiones comerciales.

La competencia por las materias primas críticas, la tierra y el agua se intensificará, lo que impulsará a los gobiernos comprometidos a seguir implementando estrategias de diversificación para reducir estas dependencias y fortalecer la seguridad alimentaria y energética.

Conclusión: El mundo se encamina hacia una fase de reajuste incierto

Si 2025 mantuvo al mundo en estado de alerta permanente, 2026 promete acelerar ese pulso hasta niveles de desgaste político, social y estratégico que dejarán huella durante años. No será un periodo de colapsos inmediatos, sino de consolidación de tendencias peligrosas: normalización de los conflictos, debilitamiento del multilateralismo, tecnificación de la guerra y creciente desconexión entre gobernantes y sociedades.

El mundo no se encamina hacia un nuevo orden estable, sino hacia una prolongada fase de reajuste incierto. La historia demuestra que estos periodos rara vez son breves y casi nunca indoloros.

LV, NV, 12/27/2025



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