Primera Parte: Breve ensayo sobre las élites y los verdaderos poderes

Esa pregunta suele quitarle el sueño, tanto a conspiranoicos góticos como a ciudadanos sencillos. Y no es para menos.
Es una interrogante que ha atormentado a muchas generaciones de humanos, que quieren saber quién, de verdad, está detrás del timón, el que maneja los hilos del destino mundial.
Generalmente se busca un culpable, un supervillano que encarne todo lo malo y ejerza un control absoluto, pero no creo que sea así. Una hegemonía mundial unipersonal no ha existido, y no existirá.
Gobernar el mundo de los humanos es una tarea tan hercúlea que solamente algunos grupos elegidos estarían capacitados para poder llevarla a cabo.
Entre los sospechosos habituales están: la fuerza bruta militar que no pide permiso para intervenir donde sea; los grandes conglomerados industriales que no dan la cara; los servicios de espionaje y operaciones especiales que quitan y ponen gobiernos desde las sombras; los políticos que amasan un poder desmesurado; las principales corrientes religiosas que regulan hasta lo más mínimo de la vida de sus fieles; las centenarias e inquietantes sociedades secretas; los grupos y foros de la élite mundial; o quizás, algún otro actor moderno que no es tan evidente, pero lo hace con mucha más eficiencia y, definitivamente, con nuestra anuencia.
A algunos les inquieta que la respuesta pudiera ser fórmula combinada de dos o más de los sospechosos antes nombrados. Tiene lógica y podría ser viable.
Veamos en detalle.
A GARROTAZOS
Lo más lógico es pensar que el que tiene la fuerza militar ostenta, por sí solo, el poder supremo y lo puede ejercer a su antojo. Nada más lejos de la verdad.
Según estimaciones, en 2024, el gasto militar global alcanzó los 2.72 billones de dólares (en el sistema anglosajón de medida serían 2.72 trillones de dólares). Casi la mitad de ese brutal total pertenece a la suma del gasto de solo dos países: Estados Unidos, con más de 900 000 millones, y China, unos 296 000 millones de dólares.
El ejército estadounidense es poderoso porque cuenta con recursos suficientes para llevar a cabo cualquier actividad militar que desee, asignándosele aproximadamente el 3,74% del presupuesto nacional. Además, dispone de equipo militar avanzado, personal adecuado y un departamento de investigación militar especializado.
China, por su parte, ha invertido en sistemas de armas avanzadas, nuevas plataformas navales, aeronaves de quinta generación y programas de inteligencia artificial militar, consolidando su capacidad para proyectar poder en la región del Indo-Pacífico e, incluso, de manera global.
Podría pensarse que estas dos potencias, mediante sus ejércitos, controlan el mundo. Obviamente la influencia que ejercen las tropas de estos dos imperios es grande, pero no definitiva.
No se puede olvidar a Rusia, otro de los grandes nombres militares mundiales. Aunque su economía está fuertemente castigada por las sanciones occidentales y la agresión a Ucrania ha levantado serias dudas sobre su real capacidad combativa.
Pero tampoco la lista termina ahí. Hay que contar con Francia, Italia, Gran Bretaña, Japón, India e Israel. Todos estos países disponen de grandes ejércitos y tecnologías de avanzada, incluyendo en algunos casos armas nucleares.
Vayamos un poco más allá. Si sumamos toda la capacidad combativa y los gastos de la OTAN (Estados Unidos + Europa), hablamos de casi el 60% del gasto militar mundial. Aun así, nadie piensa que la OTAN controla el mundo; aunque sí puede bloquear, intimidar, sancionar o atacar a otros países usando su poderío militar.
¿Entonces, es el músculo militar el que gobierna el mundo?
Aunque el poder militar en el año 2025 sigue siendo una carta pesada en cualquier mesa de negociación, el músculo castrense se supedita al poder político y a los intereses del país, no existe solo y está confinado a su área de influencia.
Pero, si la fuerza no basta, ¿qué ocurre con el dinero, ese poderío no militar que dicta pautas y doblega voluntades?
DON DINERO
Otro candidato, quizás más fuerte que el anterior es el poderoso caballero por el que baila el mono.
No nos referimos al billete estrujado que pasa de mano en mano en cada transacción de compraventa de productos y servicios, sino a cantidades cuya influencia es directamente proporcional a los ceros que tienen a la derecha.
Actualmente el dólar norteamericano representa alrededor del 57% de las reservas internacionales de los bancos centrales, el euro le sigue con un 20%, y el yuan chino apenas un 2.9%.
¿Pudiera pensarse que el dueño del dólar es el dueño del mundo? No es tan sencillo.
Volvemos a la concentración del poder en pocas manos. Estamos hablando de que tres monedas son las que dominan el 80% de las transacciones internacionales, pero no es suficiente para gobernar el mundo.
Un ejemplo de cómo se ejerce el poder a través del dinero ocurrió cuando, en 2023 y 2024, la Unión Europea y Estados Unidos congelaron los activos rusos tras la invasión de ese país a Ucrania. Es decir, bloquearon más de 300 000 millones de euros en reservas rusas.
Pero no solo los “congelaron”, sino que este año comenzaron a usar esos activos “descongelados” para financiar la compra de material bélico por parte de Ucrania.
Y ahí tenemos lo que es poder real: decidir que un país no puede disponer de su propio dinero. Recuerdo que, con todo respeto, no estamos hablando de Nauru ni Tuvalu. Estamos refiriéndonos a Rusia que, con un vasto territorio, grandes recursos naturales, ejército y armas nucleares; tuvo que sentarse a mirar tranquilamente como su propio dinero está siendo usado para financiar los esfuerzos militares del país con el cual está en guerra.
Vladimir Putin podría amenazar cuanto quisiera, incluso con usar armas nucleares, pero lo cierto es que su dinero se esfumó justo cuando más lo necesitaba. Como resultado, Rusia no pudo pagar importaciones, gestionar sus divisas ni financiar gasto público.
¿Entonces, un golpe bancario que no derrama sangre, pero que aniquila las reservas líquidas de un país, ocasiona un impacto mayor y más daño colateral que la capacidad destructiva de un misil?
Sí, pudiera decirse que sí; pero, en ciertos contextos. Por lo tanto, la posesión de grandes cantidades de dinero tampoco garantiza poder gobernar el mundo.
INVERSIONES Y CAPITAL
Para los neófitos, esta fuente de poder está bastante relacionado con la anterior, pero no es lo mismo.
Es muy diferente el poder financiero estático: cuentas y activos; al poder financiero dinámico: flujo de inversión. Los flujos de inversión, básicamente, es mover dinero hacia proyectos e intereses en cualquier lugar del mundo, sin que siempre se sepa de dónde provienen y, quizás, no lleguen a dónde se anunció públicamente.
En este momento, la mayor gestora de inversiones del mundo, la archimencionada pero poco conocida Black Rock (https://www.blackrock.com/), -administradora de activos y uno de los principales proveedores mundiales de soluciones de inversión, asesoramiento y gestión de riesgos-, opera 12.5 billones de dólares..
Por su parte, Vanguard (https://investor.vanguard.com/), con más de 10 billones de dólares en activos, domina el panorama de los fondos mutuos y los fondos cotizados en bolsa en Estados Unidos, incluyendo el Vanguard Federal Money Market Fund (VMFXX) y el Vanguard Total Bond Market ETF (BND).
Otro ejemplo es el Government Pension Fund of Norway (https://www.nbim.no/), con casi 2 billones de dólares y acciones en más de 9 000 empresas en todo el mundo.
Entre estos tres fondos superan, con creces, el PIB combinado total de los 26 países más pobres. Poseen una cantidad tan colosal de dinero que les permiten influir, literalmente, en la política y la economía de cualquier país, sin importar si es pobre, en vías de desarrollo o rico.
Los administradores de esos fondos no visten de camuflaje ni gobiernan con tanques ni ningún otro tipo de armamento militar; ejercen sus funciones enfundados en trajes costosos, corbatas de diseño exclusivo, así como ropa interior y zapatos de marcas de excelencia.
Sin apretar un gatillo ni dar una orden castrense, estos ejecutivos de alto nivel pueden inclinar sectores económicos enteros y mover las fichas a conveniencia de sus inversores. Para mover la engrasada maquinaria de la inversión, les basta con ejercer el voto en juntas de accionistas, donde deciden cada movimiento multimillonario.
Un detalle importante, este no es el dinero de una sola persona o de una familia propietaria de un banco. Estos grupos controlan y gestionan el dinero de millones de inversionistas, a lo largo de todo el planeta, aunque no sean los dueños directos de esos recursos; pero, al controlar y gestionar todo ese patrimonio, son los que deciden a dónde va a parar ese capital.
Estas entidades tienen participaciones en miles de empresas punteras a nivel mundial, como NVIDIA, Apple, Microsoft, Alphabet (Google), Amazon o grandes bancos europeos y norteamericanos.
Parecería que aquí ya encontramos la respuesta a nuestra pregunta sobre quién o quiénes gobiernan el mundo. Un análisis de este tipo, dos décadas atrás, pudiera haber concluido aquí. Pero los actores han cambiado, y el panorama se ha vuelto más complejo.
LOS CULTOS Y LOS POLITICOS
Cuando se habla de religiones siempre pensamos en el cristianismo, el islamismo, el budismo o el hinduismo; pero en realidad se estima que existen aproximadamente 4 200 religiones en el mundo. Sin embargo, el número exacto es difícil de determinar.
Alrededor del 84% de la población mundial se identifica como religiosa, con el cristianismo (2 500 millones de seguidores) y el islamismo (1 900 millones) como las religiones más numerosas, seguidas por el hinduismo (1 100 millones) y el budismo (535 millones).
Este poder es más suigéneris y no descansa en el poderío de la fuerza ni en la prepotencia del capital. No, es más fuerte, se basa en la fe; en la creencia y convencimiento de la persona. Ese es el pilar fundamental de las instituciones religiosas y el discurso de los políticos.
Porque el poder no se sostiene solo con tanques, dinero o leyes. Un relato, por ejemplo, puede convertir una derrota en victoria. La pobreza es un noble sacrificio que será recompensado en la “próxima vida” de la misma manera que la represión a quienes no comulguen con el planteamiento oficial se entiende como patriotismo combativo.
De esta manera, la devoción y sumisión al culto de la región convierte al individuo en arma contra sí mismo e incluso contra sus propios familiares y vecinos.
El individuo se reprime y abstiene de hacer actos naturales porque “no le van a garantizar la entrada al mundo de los cielos después de la vida terrestre”. Por ahí se comienza. Posiblemente termine participando en las Cruzadas, -a principios de la Edad Media-, o decapitando a un inocente, creyente de otro culto, en pleno siglo XXI. Todo incitado por la fe y creencia en que “su religión es la única y verdadera”.
De esta forma, los crímenes capitales cometidos en este mundo encuentran una excusa “viable” que les promete una salvación futura. Hacer que un humano pueda desafiar, y hasta querer, la muerte por seguir ciegamente una idea, una orden. No lo hace por defenderse a sí mismo, a su familia, a sus amigos, o a su país. Poder real y absoluto ejercido sobre el fanático político o religioso. No hay remordimiento en ser implacablemente violento si es por “una causa justa”. La psiquis dominando el cuerpo. La idea comandando a la materia.
Detengámonos en un ejemplo contemporáneo, la República Islámica de Irán, o simplemente Irán.
No es secreto que la economía de Irán está en caída libre. Es una crisis marcada por la alta inflación, – con tasas superiores al 40% en años recientes-, el empobrecimiento de la población y la inestabilidad económica; agravada por las sanciones internacionales y los conflictos recientes.
Esto ha erosionado el poder adquisitivo de los ciudadanos y afecta desproporcionadamente a los más pobres. Pero el régimen se mantiene en el poder gracias a la legitimidad y cohesión que el clero chiíta proyecta sobre la sociedad. Mantener un país, al borde del colapso, funcionando por el subyugamiento a una creencia demuestra que la fe puede sostener un poder real.
Poder real y efectivo es lograr que una nación crea más en lo que oye, que en lo que vive.
En India, por su parte, el nacionalismo hindú del primer ministro Narendra Modi (en ese cargo desde el 26 de mayo de 2014) logra movilizar a cientos de millones, incluso por encima de los problemas sociales o de pobreza extrema que vive ese país.
Otro ejemplo muy interesante es el de Rusia, donde los ciudadanos aún creen que es una potencia mundial como lo fue en la era soviética. Esta creencia se sostiene no solo en su arsenal nuclear (a saber, la efectividad y la capacidad combativa que pueda tener conociendo la efectividad de la tecnología soviética), sino en el relato de una madre patria ortodoxa e imperial.
Este discurso, repetido inteligentemente y con la entonación específica, recibido por todos sus ciudadanos desde que son niños, les mantiene el orgullo y la moral en un alto puesto.
Con estos ejemplos de países civilizados, -no mencionamos ninguna tribu del Pacífico ni de la Amazonia-, donde el nivel de escolaridad es alto y la sociedad no está aislada de la comunidad internacional, nos demuestra de que el poder no solamente se cimenta en las armas y el dinero; también se apoya en las palabras, los símbolos, en las narrativas que redactan la realidad y dictan quién es el enemigo, quién es el traidor y quién es el héroe.
Un ejemplo de poder político ejercido puro y duro fue el caso cuando la Unión Europea, en el 2024, obligó a Apple a abandonar su conector habitual y adoptar el USB-C en todos sus dispositivos.
La Unión Europea no es un estado que tiene a su disposición un ejército ni Apple es una compañía “enemiga” saboteando el mercado, todo lo contrario.
Apple protestó, demandó y trató de resistirse todo lo que pudo, pero finalmente cedió. ¿Por qué? porque perder un mercado natural, como el mercado europeo con su gran poder adquisitivo, no era una opción.
Lo mismo ocurre con regulaciones digitales que han obligado a Google, Meta o Amazon a adaptarse, pagar multas o modificar prácticas. Aquí vemos que, muchas veces, no hace falta un ejército para imponer criterios o lograr un deseo. Ese es el poder real y a la vez silencioso, el de gobernar con leyes que otros terminan acatando por más que no les guste.
Cuando la sociedad adopta un relato, —político o religioso—, se convierte en un ejército imparable. Los ciudadanos defienden las ideas con el mismo ardor que si estuvieran en trincheras. La palabra, política o religiosa, acompaña, multiplica y legitima el poder, controlando no solo territorios sino mentes.
Y quien domina las mentes domina el presente y el futuro de la sociedad.
FOROS Y SOCIEDADES MAS O MENOS SECRETAS
Es muy común señalar a las “sociedades secretas que, en muchos casos, con ritos espeluznantes y satánicos” dirigen el mundo. Lo más común es asociarlas a gente selecta y malvada que mueve los hilos entre las sombras, tratando de influir en la sociedad, la economía y los gobiernos del mundo.
También es usual pensar que son ellas las que provocan las guerras y los conflictos entre países. Tamaña culpa la han cargado sobre sus hombros, principalmente, los Caballeros Templarios, las Logias Masónicas, los Illuminati y la Orden Rosacruz.
Aquí no vamos a ir por ese camino porque se ha hablado tanto de ellos que no es necesario repetir, de nuevo, esas teorías.
En este siglo XXI las formas de hacer las cosas han cambiado, atemperándose a los tiempos modernos. Por eso propongo, como caso de estudio, al Grupo Bilderberg (https://www.bilderbergmeetings.org/), quizás el más enigmático de todos los foros actuales.
La punta del iceberg de esa organización es la Reunión del Grupo Bilderberg, conferencia anual privada de tres días, diseñada para fomentar el diálogo informal entre Europa y Norteamérica, sobre importantes temas globales. No emiten resoluciones, declaraciones políticas ni votaciones. Es un encuentro estrictamente privado, cerrado al público y a la prensa; por lo que no existen noticias, análisis o debates de lo que se maneja en el mismo.
Se conoce, y no es mucho lo que se filtra, que el objetivo principal de la reunión es fomentar la comprensión y el diálogo sobre las tendencias y fuerzas clave que afectan a las naciones occidentales.
Sesionan entre 120 y 140 personas influyentes de la política, los negocios, la tecnología, las finanzas, la academia y los medios de comunicación: expresidentes, ministros de defensa, banqueros centrales, CEO de grandes compañías tecnológicas e, incluso, miembros de familias reales europeas. O sea, los que tienen “el sartén mundial por el mango” según el acervo popular.
Las discusiones se rigen por la llamada Regla de Chatham House (https://www.chathamhouse.org), lo que significa que los participantes pueden utilizar la información recibida, pero no pueden revelar la identidad ni la afiliación del orador.
Esto crea un espacio seguro donde los participantes pueden expresarse libremente sin temor a represalias. La Regla fue creada en 1927 por el Real Instituto de Asuntos Internacionales de Inglaterra, ahora conocido como Chatham House, para facilitar el debate abierto.
Volviendo al Grupo Bilderberg. La lista de participantes cambia cada año y se conforma con la élite del mundo. Los puestos honorarios no existen, lo que le otorga actualidad y un dinamismo muy fuerte a la reunión.
De más está decir que el alto perfil de los asistentes y el secretismo que rodea a las reuniones han dado lugar a diversas teorías de la conspiración, que el mismo grupo cataloga de carecer de fundamento.
Sin afirmar o negar veamos los datos que se saben del último encuentro del Grupo Bilderberg. La 71.ª Reunión que tuvo lugar del 12 al 15 de junio de 2025 en el Grand Hôtel de Estocolmo, Suecia.
Entre los temas de debate se incluyeron las relaciones transatlánticas, Ucrania, la economía de Estados Unidos, la situación de Europa y Oriente Medio, el Eje autoritario (China, Rusia, Irán, y North Corea).
Pero los análisis no se detienen en lo político, abarcan la perspectiva y el statu quo. Así tenemos que también se enfrascaron en temas como la Innovación y resiliencia en defensa, Inteligencia Artificial, disuasión y seguridad nacional, Proliferación, Geopolítica de la energía y los minerales críticos; así como la Despoblación y Migración.
Como Bilderberg existen otros foros similares, como la Comisión Trilateral (https://www.trilateral.org/), una organización no gubernamental a la que solo se accede por invitación. Fundada por David Rockefeller en 1973, sus miembros son igualmente expresidentes, exministros, banqueros y académicos de primer nivel como el expresidente estadounidense Jimmy Carter y los expresidentes de la Reserva Federal norteamericana Alan Greenspan y Paul Volcker, así como el bien conocido experto en relaciones internacionales Zbigniew Brzezinski.
Su propósito es fomentar la cooperación entre ciudadanos destacados de Norteamérica, Europa Occidental y Japón, con especial atención al debate sobre temas de política exterior, relaciones económicas y seguridad.
La organización ha ampliado su membresía para incluir estratégicamente a la región de Asia-Pacífico y es, por supuesto, el blanco de teorías conspirativas sobre un gobierno mundial oculto, aunque no existe nada que lo pruebe… hasta ahora.
El Grupo Bilderberg y la Comisión Trilateral, al igual que el Foro Económico Mundial, el Club de Emprendedores de China, el Bohemian Club y el Young Presidents’ Organization, -por citar algunos-, no son gobiernos secretos ni tienen a su disposición grandes ejércitos ni tan siquiera grupos de operaciones especiales, pero sí son espacios donde la élite intercambia opiniones, alinean agendas y establecen nexos.
Son foros donde, quizás, se decide de qué se habla y de qué no. Y eso, aunque no sea percibido directamente, sí condiciona la vida en el mundo más de lo que debiera. Todo esto no es un simple ejercicio en una tarde de verano. Negar la influencia de esos grupos es tan ingenuo como exagerar su poder.
Con ellos no siempre es lo que parece, la realidad suele estar en el medio.
ENTONCES, ¿QUIÉN GOBIERNA EL MUNDO?
Con esta pregunta empezamos, y como hemos visto, hasta ahora no hay una respuesta sólida y definitiva. No hemos encontrado un trono único ni una familia dominante, pero tampoco hay caos o vacío de poder. Todo lo contrario: la Humanidad sigue reglas y respeta indicaciones.
¿Hay élites? Por supuesto que sí. Tienen un poder enorme y no dudan en ejercerlo.
Hasta el presente, el mundo se ha regido por un enjambre de élites, corporaciones, fondos y gobiernos que se disputan los pedazos del poder diariamente. Esta compleja red funciona con precisión, casi como un teorema matemático.
Estas élites compiten, se bloquean, se neutralizan y, a veces, se enfrentan entre sí; arrastrándonos a cruentas guerras. Y entre esos eventos, subsiste la Humanidad: miles de millones que son los consumidores, contribuyentes, votantes, mano de obra… variables dentro del sistema de las élites.
Pero la digitalización acelerada de la sociedad ha cambiado el panorama. En este decenio se produce el crecimiento explosivo de un nuevo actor: la Inteligencia Artificial (IA) que, – junto con las ya establecidas Redes Sociales y Algoritmos Avanzados, constituyen la tríada que está revolucionando y transformando el mundo que creíamos conocer.
La IA tiene la capacidad de influir, medir y predecir comportamientos humanos a escala masiva, afectando mercados, opiniones, decisiones políticas y hasta la percepción de la realidad. En combinación con las herramientas de comunicación digital, el poder ya no reside únicamente en tanques, dinero o narrativas políticas, sino también en la capacidad de modelar el pensamiento y las decisiones de millones de personas.
¿Es, quizás, el triunvirato formado por la IA, las Redes Sociales y los Algoritmos Avanzados, el que gobierna el mundo?
Eso lo vamos a ver más al detalle en la Segunda Parte.
LV, NV 11/13/2025

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