Se tenía que decir y…

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La mal llamada “Guerra de Israel”

Desde hace días, estamos presenciando una extraña narrativa difundiéndose a través de algunos medios de difusiónmasiva y las redes sociales: la afirmación de que el enfrentamiento con el régimen iraní es, de alguna manera, “la guerra de Israel” y que los Estados Unidos se vieron arrastrados a ella.

Como analista político que ha seguido las escabrosas relaciones de Irán con Estados Unidos y con Israel, puedo afirmar que este argumento no sólo es falso, sino que también resulta intelectualmente deshonesto.

Empecemos con un simple hecho. La República Islámica de Irán no ha pasado las últimas cuatro décadas limitando su retórica hostil únicamente a Israel. Sus líderes han hablado abiertamente de la lucha contra el “Gran Satanás” —los Estados Unidos— y el “pequeño Satanás”, Israel.

Desde sus violentos inicios, su ideología se ha construido en torno a la exportación de la desestabilización del Oriente Medio; creando y patrocinando redes fuertemente armadas que aterrorizan a toda la región.

Esto no es una fantasía creada por el MOSAD israelí ni por la CIA estadounidense. Es parte explícita de la doctrina ideológica del régimen iraní.

Irán financia milicias, entrena a organizaciones terroristas, desarrolla capacidades nucleares avanzadas con potencial militar y produce misiles de corto, medio y largo alcance, mientras amenaza no sólo a Israel, sino también a países árabes, fuerzas estadounidenses y la estabilidad global.

Desde Líbano a Irak, desde Yemen a Siria; las huellas de Teherán están por todas partes.

Así que cuando los Estados Unidos actúan contra ese régimen, no lo hacen en nombre de Israel. Actúan para defender sus propios intereses estratégicos y la estabilidad del sistema internacional.

La idea de que Washington necesita ser “manipulado” por Jerusalén para reconocer esta amenaza es, sencillamente, absurda. Cada administración estadounidense del siglo XXI —republicana o demócrata— ha dejado claro que impedir que Irán obtenga armas nucleares es una prioridad fundamental de seguridad nacional.

El debate en Washington nunca ha sido sobre si Irán representa un peligro. En eso, existe consenso. La diferencia ha estado en cómo enfrentar esa amenaza.

Algunos creyeron, erróneamente, que la diplomacia y las concesiones podrían moderar el comportamiento del régimen teocrático. Otros sostienen que un sistema impulsado por una ideología radical y una visión teológica de carácter apocalíptico nunca renunciará voluntariamente a sus ambiciones.

Pero fingir que la amenaza iraní existe únicamente en la imaginación de Israel no es sólo incorrecto: es una ilusión peligrosa.

Y si esto no fuera suficiente, existe una dimensión aún más amplia que rara vez se reconoce.

También hay otra verdad incómoda: Irán no es hoy un actor regional aislado. Está profundamente conectado con el desafío geopolítico más importante que ha enfrentado Occidente en toda su existencia.

Teherán se ha convertido en un socio estratégico de Rusia y en un socio económico relevante para China. Las compras chinas de petróleo iraní han contribuido a sostener al régimen pese a las sanciones internacionales, mientras que los drones militares iraníes han desempeñado un papel significativo en la agresión rusa Rusia a Ucrania.

Entonces queda claro que este no es un problema local israelí. Es parte de una confrontación estratégica de alcance global, y debe entenderse como tal.

Quienes repiten el lema de que “esta es la guerra de Israel” ignoran una realidad evidente: un Irán con armas nucleares no representaría una amenaza únicamente para Tel Aviv. Representaría un riesgo para todo el Oriente Medio —incluidos los países árabes—, así como para Europa y todo Occidente.

Un escenario así tendría profundas consecuencias desestabilizadoras para el sistema de seguridad internacional que, con dificultades, se ha sostenido establemente durante décadas.

Y, sin embargo, en lugar de enfrentar esta realidad, muchos optan por culpar a Israel. Sostienen que el Estado judío, a través de su fuerte lobby en Washington, determina la política exterior estadounidense, empuja al país a conflictos innecesarios y manipula los hilos del poder global desde las sombras.

Estas frívolas afirmaciones no son análisis geopolítico serio. Son baratas teorías conspiranoicas recicladas, que han circulado durante generaciones.

Es, en el mejor de los casos, una simplificación ideológica; en el peor, una narrativa propagandística que se repite cíclicamente.

Criticar a los gobiernos y debatir decisiones militares son actos legítimos. Pero reducir complejas decisiones estratégicas a la idea de que “Israel controla a Estados Unidos” no es un ejercicio crítico: es una distorsión barata o malintencionada.

Israel no necesita inventar la amenaza iraní. Los propios líderes iraníes han pedido repetidamente la aniquilación del Estado judío. Describen abiertamente la posibilidad de borrar a Israel usando el arma nuclear.

Ninguna nación responsable puede permitirse ignorar ese tipo de declaraciones.

Actuar con firmeza frente al régimen iraní no es servir a Israel. Es intentar evitar que una teocracia radical adquiera las armas más peligrosas del mundo y las utilice para remodelar el Medio Oriente mediante la intimidación, la violencia y el chantaje nuclear.

Si esa amenaza desaparece, Israel estará más seguro. Pero también lo estarán las naciones árabes, Europa y los Estados Unidos.

Para reconocer esta realidad no es necesario adoptar una identidad política específica; simplemente requiere algo cada vez más escaso: honestidad de palabra y acción.

LV, NV  03/22/2026



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